Fuera de Tiempo con Bernardo Kosacoff

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El economista, docente de la UBA y la Universidad Di Tella, y especialista en desarrollo Bernardo Kosacoff conversó con Diego Genoud acerca de la crisis, el aparato productivo argentino y las dificultades históricas de la economía de la Argentina.

También conversó en Fuera de Tiempo Carlos Bueno , referente de Barrios de Pie de Villa Azul, una de las zonas vulnerables y más gravemente afectadas por el Covid-19 del país.

“Si vamos a discutir la herencia, que esta vez sea en serio”. Editorial del 30/5/2020 en FM Milenium

Entramos a discutir la pesada herencia que dejó Mauricio Macri. Entre la discusión por la deuda y la urgencia de la peste, en los últimos días apareció la herencia. Alberto Fernández se cansó de decirlo: no quería discutir la herencia, ese argumento de campaña que tanto le sirvió a Macri para gobernar y que, en su momento, también le sirvió al kirchnerismo.

Alberto Fernández dijo que no quería volver a discutir eso, que lo desechaba. Sin embargo, hubo dos hechos esta semana que ponen en primer plano la discusión inevitable por la herencia que deja Mauricio Macri. Ambos sucedieron en el Congreso. 

Primero, la Bicameral de la Deuda, donde el Gobierno logró tratar el informe del Banco Central sobre la deuda y la fuga, que la semana pasada en este mismo espacio comentamos. Un informe que habla del mercado de cambios, de la deuda y de la formación de activos externos, proceso conocido como “fuga de capitales”. Ese informe no sólo mostraba el endeudamiento récord que contrajo Macri, esa bomba de tiempo para el presidente Fernández, sino que además hacía hincapié en la fuga de capitales: la formación de activos en el exterior entre 2016 y 2019 llegó a 86 mil millones de dólares. ¿Qué dice el Gobierno? La plata que se tomó como deuda salió por la canaleta de la fuga. Obviamente la oposición, los pedazos que quedan de Juntos por el Cambio, cuestiona este argumento. 

Hay un libro muy interesante que se titula Endeudar y fugar. Un análisis de la historia económica argentina de Martinez de Hoz a Macri, editado por Siglo XXI y compilado por Eduardo Basualdo —economista de FLACSO y la CTA, profesional de larguísima trayectoria. Ese libro muestra que nadie endeudó tanto al país, ni tan rápido, como Macri. Dice, entre otras cosas, que entre 1976 y 2001 la deuda externa pública aumentó a un promedio de 7 mil millones de dólares constantes por año, en tanto que durante la gestión de macrista el promedio anual trepó a 32 mil millones de dólares. Casi cinco veces más y sin considerar los bonos emitidos para cancelar la deuda con los fondos buitre, que fueron incluidos como atrasos de deuda en el período anterior. 

Durante el kirchnerismo, pasaron otras cosas que también están mencionadas en el libro de Basualdo. Lo dijo Cristina Kirchner hasta el hartazgo: “Somos pagadores seriales”. Pero hubo un comportamiento central que explica en parte la crisis del modelo económico kirchnerista, que es la persistencia de la fuga de capitales. En eso el kirchnerismo no se diferencia del macrismo: también hubo altísima formación de activos externos, sobre todo durante los años de Cristina Kirchner en el Gobierno. Por eso, es fundamental que la política discuta cuál es la forma de frenar la formación de activos en el exterior, que además es un dique de contención para la inversión. Evidentemente, lo que se fuga no se invierte.

Esta semana en el Congreso, Luciano Laspina hizo un esfuerzo descomunal para disimular a Macri en la historia larga de la mala praxis. No para defenderlo, pero al menos para decir que “si van a mirar a Macri, miren también la historia larga del desastre económico argentino”. Por eso pidió también investigar la estatización de YPF, el dólar futuro, el cupón PBI y el pago de Kicillof al Club de París. Más interesante me pareció lo que planteó Martín Lousteau, también en la Bicameral de la Deuda, diciendo que discutamos qué pasó con la fuga durante los años anteriores, pidiendo que el Banco Central amplíe su informe. “Es excepcional este informe —planteó Lousteau— pero que también se discuta la fuga de capitales antes, que no empezó con Macri”. 

El otro tema que se discutió esta semana, también en el Congreso —vía Zoom— fue en la Bicameral de Inteligencia. La denuncia de la interventora de la AFI, que se llama Cristina Caamaño, contra Gustavo Arribas, el ex titular del organismo, y su segunda, Silvia Majdalani. ¿Qué muestra le infome que presentó Caamaño? Muestra que Macri espiaba hasta a sus propios funcionarios: a sus ministros, a sus aliados, a sus amigos. Por supuesto, desde la oposición niegan que esto sea así y hablan de una “operación del Gobierno”.

Puede gustar o no, pero Mauricio Macri tiene una historia ligada al espionaje. El “fino” Palacios, el comisaron de la Federal que espiaba para Macri y que murió hace unos meses, se llevó a la tumba varios secretos. Macri no empezó a espiar a sus opositores y a sus aliados durante su gestión como presidente: ya lo había hecho como jefe de Gobierno de la Ciudad, espiando incluso a miembros de su propia familia. Algo que por supuesto Macri niega pero de lo que hay muchísimas pruebas. 

Junto a esa denuncia que tuvo alguna repercusión en los medios, hay otro caso, muy oscuro, del que casi nadie habla y nada se sabe, que se trató en esta Bicameral de Inteligencia. Hablo del atentado con explosivos contra un funcionario radical en 2018. No estamos hablando de filtraciones ni de que alguien leyó un mail, sino que hubo un ataque con una bomba contra un funcionario del propio gobierno de Macri. Este radical, que en su momento estuvo ligado a Nosiglia y que trabajó tanto con el kirchnerismo y con el macrismo, que se llama José Luis Vila, en algún momento va a ser noticia o va a contar públicamente qué fue lo que pasó cuando le estalló una bomba en su domicilio particular. 

Es interesante lo que dijó el actual Presidente en su dicurso en el Congreso, cuando aseguró que vamos a “dejar atrás los sótanos de la democracia” y sacar a la luz la podredumbre. Pero se contradice con el operativo de salvataje del cristinismo en el Consejo de la Magistratura contra un juez que se llama Rodolfo Canicoba Corral. Un juez que es emblema de Comodoro Py y está denunciado hasta el hartazgo por sus vínculos con los servicios de inteligencia. Fue un juez puesto por Carlos Menem que fue funcional al kirchnerismo y también al macrismo. No se entiende por qué el Gobierno lo quiere salvar y busca cerrar cuatro o cinco procesos de juicio político contra Canicoba Corral. No sé si con un magistrado tan vinculado a los servicios de inteligencia se puede iniciar un proceso de transparencia como el que promete Fernández. 

Por eso, sería interesante que la clase política se ponga de acuerdo en algunas cuestiones mínimas, sobre todo ahora que se empieza a discutir la herencia. Parece imposible que se pongan de acuerdo en algo porque siempre se suele investigar al perdedor. Como me dijo alguien: “En la Argentina, el delito no es robar, sino perder”. El delito no es espiar, sino perder. El delito no es fugar, sino perder. Cuando se inician estos procesos de discusión sobre la herencia, siempre es para ver una parte, en este caso la de Macri. Parece imposible, pero sería deseable que se ponga de acuerdo la política en estos dos temas: la deuda y el espionaje

Los servicios de inteligencia son como un escorpión para la política. Siempre la política se tienta con esa relación, con ese triángulo envenenado de jueces, espías, periodistas. Un gran armado de poder que se derrumba cuando perdés las elecciones. Lo está empezando a saber Mauricio Macri. Ya lo supo Cristina Kirchner. Lo supo también Carlos Menem. ¿Qué es el lawfare sino la prueba de la política impiadosa de los jueces federales contra los perdedores? Ese tipo de jueces que encarna, como nadie, Canicoba Corral y que se vengan de los derrotados. Sería bueno que, si vamos a discutir la herencia, esta vez sea en serio. 

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