Fuera de Tiempo con Darío Aranda

Darío Aranda, periodista de la Agencia Tierra Viva, conversó con Diego Denoud sobre el gobierno de Milei, el gabinete del agronegocio y la protesta social.

“Lo están midiendo a Milei”. Editorial 19 de diciembre en Radio con Vos.

Javier Milei lleva nueve días como presidente. Pero parece que llevara mucho más tiempo el líder de La Libertad Avanza como inquilino de Olivos, como inquilino de la Casa Rosada. Habrá que preguntarse por qué se siente así para una parte de la población. Primero, porque Milei le ganó a un gobierno en retirada, unido solo detrás de la candidatura y el proyecto de Sergio Massa. Un gobierno que había suspendido las internas, las diferencias, los recelos únicamente durante el período electoral. Y a partir del triunfo de Milei, el 19 de noviembre, se vino abajo, se retiró. Massa pensó incluso en renunciar. Alberto Fernández no estaba. Cristina Fernández, tampoco. Eso explica, en parte, por qué Milei lleva nueve días pero parecen muchos más. 

Segundo, porque Milei torció la discusión mucho, incluso antes de ganar en las Primarias de agosto. Lo hizo cuando empezó a imponer como eje de la agenda política en la Argentina la necesidad imperiosa del ajuste y la dolarización, que abandonó hasta nuevo aviso pero que le sirvió mucho en la campaña. Y el ataque a la casta, a la clase política, que pensó que Milei no le iba a hacer daño, que pensó que Milei le iba a servir. Milei se declaró ganador de la discusión política en la Argentina cinco o seis meses antes de asumir la Presidencia de la Nación. 

Tercero, porque el padecimiento general en la Argentina lleva mucho tiempo. La inflación que Cristina había dejado en 30 puntos, Macri dejó en 53%, Massa asumió alrededor del 75% y dejó en el 150%. Ese espiral ascendente y endemoniado golpea sobre las mayorías que viven de un ingreso en pesos. Milei asume y parece que el tiempo que pasó es mayor porque hace mucho que la sociedad argentina estaba buscando una salvación, un salvador. Exactamente el 56% de la población de los que fueron a votar, 14 millones y medio de personas.

La inflación descontrolada, la inestabilidad, el deterioro crónico, que la guita no alcance en el bolsillo. Todo eso precede a Milei y, sobre ese cuadro, el presidente decidió arrancar echando kilos de sal sobre esas heridas. Dice que lo hace para evitar una crisis todavía peor, una catástrofe social de dimensiones desconocidas. Dice también que hay luz al final del túnel. 

Milei lleva adelante un plan que la sociedad argentina ya conoció en otras oportunidades, en otras crisis similares. Un plan que incubó crisis, desató crisis, espiralizó crisis en la Argentina más de una vez. Lo cierto y lo diferente con Javier Milei es que nunca nadie había ganado una elección diciendo que hay que hacer un ajuste profundo, monumental, brutal. Milei decía que lo iba a pagar la casta, y ya estamos viendo que no va a ser la casta la que pagará el ajuste, sino el cuerpo social. Después de esta devaluación tan violenta, se disparan una vez más los precios en el mostrador, en la carnicería, en el supermercado, en la panadería.

¿Cómo pudo ser que Milei haya ganado las elecciones de esa forma? Se va a estudiar durante muchísimo tiempo, le vaya bien o le va vaya mal. Pudo ser gracias a dos gobiernos que se alternaron en el fracaso con recetas distintas. Juntos primero, el Frente de Todos después. 

A diferencia de ese Menem que se sinceró tarde y confesó, muchos años después, que si hubiera dicho lo que iba a ser, nadie me hubiera votado, Milei dijo expresamente que haría un ajuste monumental. Recorte de subsidios, que ahora tiene que definirse cómo va a ser. Aumento de tarifas, aumento de combustible, que ya lo estamos viendo. Devaluación, todo parte de un ajuste que ya empezó.

En nueve días nada más, pero el cambio en los conceptos, las ideas, las propuestas, los discursos que circulaban durante la larga agonía de lo que fue el Frente de Todos fue muy brusco. Incluso más que el que vivió la Argentina después de 12 años de kirchnerismo, cuando asumió Mauricio Macri. Muy poco después de eso uno escuchaba hablar a algunos dirigentes importantes de la Argentina, incluso empresarios, y parecía que el cristinismo nunca había existido. O parecía simplemente una banda que se había apoderado del Estado. Así se vivieron los primeros años del gobierno de Macri. Así se vivió desde Comodoro Py. 

Hoy hay algo similar, hay algo que resuena, porque cambió por completo la escena política en la Argentina con Milei como presidente. La diferencia es que ahora todo dura menos. Hace tiempo que todo dura menos. El kirchnerismo fue un proceso que se mantuvo durante 12 años en el poder. Macri duró cuatro. Volvió el kirchnerismo con Alberto Fernández como mascarón de proa, terminó con Sergio Massa como líder, pero también fueron apenas cuatro años. 

Sobre ese volcán que es la Argentina está hoy parado Milei. Aunque quizás no sea plenamente consciente, sobre esa superficie está luchando Milei hoy, poniendo en práctica un ajuste descomunal, nunca visto en democracia, nunca plebiscitado de esta manera. un líder que partió del 30% de los votos y llegó en la segunda vuelta al 56%. 

Partió del 30% de votos y llegó a 56%. Javier Milei no está solo detrás de esta aventura ambiciosa y de riesgo. Vimos hoy la postal del día, que es también la postal de la época: los gobernadores de todo el país, de Juntos y del peronismo, reunidos con Milei durante dos horas y media y un mensaje a la salida de ese encuentro de mucho consenso. Un mensaje que, por supuesto, estuvo diseñado por el gobierno con Guillermo Francos, el ministro del Interior, un hombre muy cercano a Daniel Scioli, ex funcionario del gobierno que se fue. Los gobernadores acompañan a Milei en el ajuste y tienen como prioridad la reducción del déficit fiscal en esta nueva etapa.

Tres gobernadores del peronismo, muy especiales, aparecieron junto a Francos. Por un lado, Gustavo Sáenz, el gobernador de Salta, alguien de estrechísima relación con Massa. Por otro lado, Martín Llaryora, el gobernador de Córdoba, destinado a ser un protagonista de la etapa que viene, por las características que tiene y por su larga experiencia política. Y finalmente Raúl Jalil, el gobernador de Catamarca, uno de los grandes promotores de la candidatura de Massa, el que vino a golpear los despachos de Cristina y de Alberto para que el tigrense arrasara con su competencia interna en los días previos al 24 de junio.

Esos tres gobernadores, bajo la presunción de que el mundo los está mirando, eligieron dar una señal a favor de la inversión y del ajuste. También hablaron de empleo, de producción, pero casi como una nota al pie. El gobierno de Milei le propone a los gobernadores reponer el impuesto a las ganancias, que es coparticipable. Eso implicaría, para muchas de las provincias, borrar con el codo lo que firmaron con la mano cuando apoyaron la medida de Sergio Massa. Que apoyó el mismo Javier Milei en su rol de candidato.

Hay diferencias. Aparece Axel Kicillof como un líder que encarna una posible oposición a Milei. Muchos gobernadores dicen que mejor es el impuesto al cheque, que también es coparticipable. Pero para Milei lo único innegociable es el ajuste. Lo que le importa es hacerlo cuanto antes, ir al hueso con este ajuste monumental y en el que se juega su mandato, su presidencia. 

No hay otro plan más allá del ajuste. Puede ser que sea un programa que se despliegue por etapas y que el gobierno esté esperando llegar a la cosecha de marzo, de abril, para que ingresen esos dólares o algún apoyo internacional, que todavía no aparece. 

Milei no está solo. Aparece el apoyo de los gobernadores disciplinados detrás del ajuste. Discutiendo, en todo caso, dónde se va a ajustar. Pero, todos, incluso muchos de ellos, dando señales también de ajuste, aunque menor, en sus propias provincias.

Hay otros apoyos impactantes como el de Paolo Rocca. Impresionante por venir de alguien que se llevó y se entendió a las mil maravillas con Sergio Massa y el Frente de Todos. Que ganó mucho y se quedó con la construcción del gasoducto Néstor Kirchner, y que ahora, muy rápido, casi pide disculpas por haber apoyado a Massa y se dispone a apoyar a Milei. Porque, en el fondo, lo que plantea el presidente es lo que viene planteando gran parte del empresariado, con Rocca como uno de los líderes más potentes.

Rocca tiene ahora como CEO de YPF, de la petrolera de mayoría estatal, a un hombre de su escuadra. Horacio Marín tiene mucha experiencia en el sector: viene de Tecpetrol y que cumple las funciones que cumplió Miguel Galuccio durante los años finales de Cristina después de la estación de YPF, que reúne varias funciones detrás de su liderazgo. No es el único hombre de Rocca en áreas vitales de la Argentina que viene. Hay otro, de Techint, como Nicolás Gallino, que va a ser vicepresidente de Infraestructura de YPF. También en la Secretaría de Energía hay gerentes de Tecpetrol. Eso habla de un compromiso, de una apuesta de Rocca por Milei. 

A eso se le suma la alianza histórica, casi familiar, entre Javier Milei con Eurnekián, y de Milei con Eduardo Elsztain. Y la alianza que se está poniendo hoy en marcha con el agronegocio con Fernando Vilella, como nuevo Secretario de Bioeconomía, como se lo denomina, del sector. Es alguien que fue funcionario de Daniel Scioli en la Provincia de Buenos Aires, decano de la Facultad de Agronomía y tiene una muy buena relación con multinacionales como Bayern-Monsanto, con el agronegocio, con sectores como Maizar, como Aapresid. Junto con Fernando Vilella desembarcan otros cuadros importantes del agronegocio en el gobierno de Milei.

Por eso digo que Milei no está solo a nivel del poder. A nivel de la sociedad tiene ese aval de 14 millones y medio de personas, que hay que ver cuánto dura. Algunos medios de comunicación están hablando de Javier Milei de una manera muy distinta a cómo lo hacían en vida de Massa candidato.

La Corte Suprema de Justicia mostró muchas señales de acercamiento al gobierno de Milei. La misma Corte Suprema enemistada con el kirchnerismo, enemistada con el peronismo, y que tiene jueces de clarísima tradición peronista, se lleva mejor con el libertario que con el Frente de Todos.

Esta movilización que se está preparando ahora, en estas horas del 20 de diciembre, es un gran test para saber cómo le va a ir a Milei poniendo a prueba a la sociedad. Apenas a 10 días de haber asumido Milei, en un aniversario que recuerda el último estallido de la Argentina, la caída de la convertibilidad, de Domingo Cavallo, de Fernando de la Rúa. Pero en un contexto que otra vez es de ajuste y guerra inflacionaria.

Y Patricia Bullrich quiere debutar con su estilo, tratando de ganar reputación, de ir por su propia revancha después de la derrota que tuvo, tras haber quedado tercera en las elecciones. Bullrich pretende regular las manifestaciones, prohibirlas. Pero lo hace en un contexto donde la inflación de alimentos, según Eco Go, la consultora de Marina Dal Poggetto, entrevistada en este programa, fue de 10,4% en 7 días. 

En ese contexto se busca prohibir, regular, asfixiar a la protesta social. En el de una inflación que no empezó con Milei pero aceleró y mucho desde que está en la presidencia. La inflación fue de 8,2% en la primera semana de diciembre, la última semana del peronismo que se fue. Había sido de 3,4% en la última semana de noviembre. Había sido de 8% en la cuarta semana de noviembre.

Es una inflación descontrolada, pero con la devaluación de LLA pareciera no tener techo. Según Eco Go, la inflación solo de diciembre va a ser del 28%. Hay que ir hacia años de la hiperinflación para encontrar un antecedente de este tipo. Por eso, hay que ver cómo le va a Milei con esta idea de echar kilos de sal sobre las heridas de un cuerpo social muy lastimado.

No sabemos cómo va a reaccionar la economía, la sociedad. La inestabilidad que se vive es muy grande en un escenario en el que, me decía gente de los movimientos sociales, no se están entregando alimentos. Camino a fin de año no se van a entregar los productos navideños y, si se compran ahora, quizás no lleguen para esta Navidad. 

Hay millones de personas que viven al límite. 19 millones, según la UCA, están bajo la línea de pobreza. Es un dato del último informe, “Argentina siglo XXI: Deudas sociales crónicas y desigualdades crecientes”, conocido después de la devaluación de Massa. Su lectura ayuda a  entender lo que pretenden el presidenta y la ministra se seguridad buscando que los movimientos sociales se conviertan en un chivo expiatorio para ganar de entrada la discusión.

Hoy se está discutiendo sobre el Protocolo Antipiquete, sobre la represión, sobre los límites a la protesta social. Se está discutiendo como sucedió también durante el gobierno del Frente de Todos, sobre si los beneficiarios de los planes sociales en algunos casos están cobrando de manera irregular. En un contexto de un volcán social, ya es una victoria enorme de Milei y de sus aliados que se discuta sobre la represión, que se discuta sobre los beneficiarios y que no se discuta sobre la mitad de la Argentina que vive a la intemperie, en la pobreza, que hay 4 millones de argentinos que no logran cubrir la Canasta Básica Alimentaria y están en la indigencia. 

Lleva 9 días nada más Milei, pero ya hay ganadores y perdedores muy claros. Perdedores, los que viven de un ingreso en pesos. Hay sectores que se benefician de una brutal transferencia de ingresos. La industria, seguramente. Una industria muy heterogénea, una industria donde había sectores que se beneficiaron del dólar subsidiado, que se sobrestockearon durante el gobierno del Frente de Todos. La propia vicepresidenta, de ese gobierno que se fue, habló de un festival de importaciones.

Hubo sectores muy beneficiados por la brecha cambiaria, pero ahora la industria aparece entre los perdedores. Y no es lo mismo una gran industria que una PyME en la Argentina. Es probable que el comercio también se vea resentido con la caída de la actividad, con la recesión que viene montada a una inflación descontrolada sobre salarios que no van a estar en condiciones de competir con esta inflación.

Hay apoyos, manifiestos, pero también hay una pregunta por el detrás de escena. Más allá de lo que vemos, más allá de estas muestras fervorosas de adhesión como las de Paolo Rocca, como la de las grandes cerealeras. ¿Quién lo está apoyando en serio? Porque este gobierno no tiene dólares. Se habla de Caputo como un representante de la banca internacional, alguien que tiene una historia de trader. Puede tener una membresía, una vocación, una ideología, una historia de servicio al poder financiero pero los dólares hasta ahora no aparecieron ni aparecen.

¿Qué apoyos en serio tiene Milei si las cosas empiezan a salir peor de lo que él supone? En los gobernadores se ve el cálculo de una clase política al que le conviene que el ajuste lo haga Milei, que se inmole. Una clase política que siempre es optimista, en alguna medida, y piensa que las cosas le van a salir mejor de lo que al fin salen. Ya el sistema creyó que se iba a beneficiar de Milei, y le fue mal. Pasó con Massa, pasó con Macri, y les fue peor de lo que esperaban.

Hay que ver si Javier Milei está dispuesto también a cargarse a parte del sistema político también con su proyecto de ajuste monumental. Porque todos esos apoyos son condicionales, como lo es también el de la sociedad. Por lo menos, el apoyo de ese 26% que sumó Milei entre el 22 de octubre y el 19 de noviembre.

Con su gobierno, el presidente reactiva y potencia un conflicto que lo precede, y depende de los resultados que obtenga para saber cómo le va a ir en esta postal en la que ya perdieron otros. ¿Cómo le va a ir a Milei echando kilos de sal sobre las heridas de este cuerpo social? Lo va a definir parte de la sociedad que lo rechazó, ese 44% que no digiere a Milei. Pero, sobre todo, lo van a definir los votantes de Milei. Los que lo creyeron un salvador y hoy, quizá, empiezan a hacer otra cuenta. O quizás lo hagan en poco tiempo, cuando el ajuste les empiece a pegar en el bolsillo, cuando la plata que hace tiempo no alcanza se les escurra de las manos.

Lo están midiendo a Milei. Los propios lo están midiendo. Las consultoras que trabajan para LLA, los factores de poder que lo avalan. Están midiendo cuál es la imagen del presidente, algunos dicen tiene una imagen positiva de 60%. 

Si es así, aunque todo es muy inestable en la Argentina, es casi el apoyo con el que llegó a la presidencia hace apenas nueve días. Quiere decir que no importó la devaluación brutal que hizo o que no fue determinante, que todavía tiene licencia porque recién arranca a gobernar. Quiere decir que la suba de los combustibles y en los alimentos todavía no impactó en los votantes de Milei. 

Así como lo miden las consultoras también empiezan a medir a Javier Milei sus opositores más duros. Estas primeras manifestaciones, que hay que ver en qué redundan, son una forma de hacerlo. Y aunque no lo digan, a este Milei que recién comienza a gobernar, en este juego que es la lucha por el poder en la Argentina, también lo están empezando a medir a Milei los propios sponsors. Lo empiezan a medir, incluso, desde el poder económico para saber hasta dónde le da la nafta a Milei para avanzar con un ajuste de shock sobre una sociedad, una nación lacerada por la crisis. 

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