Fuera de Tiempo con David Rieff

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Desde Nueva York, el escritor, analista político, periodista, historiador y crítico cultural David Rieff conversó con Diego Genoud sobre Trump, el coronavirus y la crisis en Estados Unidos.

También Pablo Peralta, el empresario y titular del holding Grupo ST, reflexionó en Fuera de Tiempo sobre economía, la deuda argentina y el aumento del dólar en un contexto signado por el Covid-19.

“Estamos llegando al final”. Editorial del 9/5/2020 en FM Milenium

Estamos llegando de a poco, lentamente, al final de un largo proceso entre la peste y la deuda. Estamos cerca de terminar con esta saga muy larga de reestructuración de la deuda: una pulseada que está llevando adelante Fernández con Guzmán —”el pasante”, según le dice Jorge Asís— frente a los grandes fondos de inversión, pulpos que tienen ganancias siderales y cuyo capital accionario es varias veces el PBI de la Argentina.

En poco tiempo, Martín Guzmán cosechó cierto respaldo internacional: el Fondo Monetario Internacional, que aparece como aliado de Argentina; el papa Francisco; y más de 160 economistas de gran renombre internacional —como Thomas Piketty— que firmaron una carta impulsada por el Nobel de Economía Joseph Stiglitz. En esa carta, hay economistas que plantean que hay que ir hacia un cambio para mitigar la desigualdad que existe hoy a nivel global pero también hay otros del liberalismo, como Edmund Phelps. También está Carmen Reinhart, sobre quien alguien me decía que es “como tener el sello ISO 9001”.

Queda muy poco tiempo para saber si Argentina, el 22 de mayo, entra o no entra en un nuevo default. ¿Qué dicen estos economistas? Que estamos entrando a la peor recesión global de los tiempos modernos y por eso Argentina tiene un problema extra para pagar la deuda. Además dicen que los grandes Fondos de Inversión se equivocaron porque hicieron una apuesta de riesgo cuando confiaron en Macri, como también me decía alguien del gobierno nacional que conoce a estos bonistas. Apostaron por Marcos Peña y ahora tienen que asumir el costo de esa apuesta. Seguramente ganaron mucho durante dos años y después empezaron a perder, cuando Argentina se cayó del mundo.

Estamos llegando también al final de la cuarentena. A través de una cuarentena focalizada, más flexible, se empieza otra vez a retomar la actividad en grandes sectores de la industria después de mucha presión, mucha pulseada, mucha discusión, entre las empresas más importantes de Argentina y el gobierno nacional.

Hoy, la base de la fortaleza de Fernández es paradójicamente su alianza con Cristina Fernández de Kirchner. Pese a que vemos todo el tiempo en algunas crónicas que Cristina avanza sobre Fernández, que el Presidente es el gerente de una empresa de la que Cristina poseé todas las acciones, para otros existe ahí una sociedad. Porque Cristina parió a Fernández como candidato y ahora, en eventos como la reunión de tres horas en Olivos que sucedió hace poco, se están definiendo los contornos, los formatos, las negociaciones y el reparto de poder para el período que viene.

Fernández tiene además, como aliado impensado, a Horacio Rodríguez Larreta, que vio como se disparó esta semana la ola de contagios de coronavirus en la Ciudad. Prácticamente se duplicó en los barrios más vulnerables, en las villas de la Capital Federal. Es un momento difícil para salir de la cuarentena para Larreta y por eso seguirán habiendo restricciones en la Ciudad durante un tiempo más.

La semana pasada murió una vecina de 84 años, Toribia Balbuena, en la Villa 31, donde faltaba el agua. Hubo peleas, tironeos, tensiones entre Rodríguez Larreta y Malena Galmarini, la titular de Aysa, que ambos intentaron no llevar a los primeros planos pero que sin duda existieron. ¿De quién es la culpa de que hace nueve días falte el agua? ¿O de que, de 39 testeados, 30 tengan el virus en la Villa 31? Son esos los problemas que preocupan en el momento de salir de la cuarentena.

Hubo un comunicado esta semana de AEA, la asociación de los empresarios más importantes de la Argentina, como Paolo Rocca, Héctor Magnetto, Marcos Galperin. Las grandes empresas querían esta flexibilización que, como bien saben Fernández, Larreta y Kicillof, no está exenta de riesgos. En Chile, por ejemplo, Sebastian Piñera avanzó con una salida del encierro y hubo un rebrote, por lo que tuvo que dar marcha atrás. No se puede descartar que eso no vaya a suceder acá.

El Gobierno Nacional se está haciendo cargo de la mayor parte de los costos de la crisis. Por un lado, con el ingreso de emergencia para el sector informal. Por el otro, los créditos a tasa cero para monotributistas. Y también pagando directamente una parte de los sueldos de las empresas del sector privado, tanto de las más chicas como de las más grandes, alcanzando a dos millones de asalariados.

Al mismo tiempo que las empresas reciben la asistencia, se está desarrollando un ajuste muy fuerte sobre los salarios. Basta salir un momento a la calle, ir a uno de los negocios de cercanías, para darse cuenta que la inflación sigue creciendo y no se detiene en la Argentina. En el mismo sentido, hay empresas que reciben la transferencia del Estado, la asistencia para pagar sueldos, aunque no están pagando la totalidad de los sueldos ni en tiempo ni en forma.

Uno de los casos es Polka, la productora de ficción televisiva más importante del país. Polka recibe el 50% del sueldo de parte del Estado y paga apenas el 20% de la otra mitad. Es decir, deja un 30% del salario para pagar en septiembre. Eso lo están haciendo una gran parte de conglomerados empresariales. Por eso, la pregunta: ¿no hay un Estado bobo también en esta emergencia? Un Estado que está financiando a sectores empresarios que cobran el 50% del sueldo de sus trabajadores pero no terminan de pagarlos completos.

Aparece también la decisión del Gobierno Nacional de seguir aumentando las jubilaciones por decreto hasta fin de año de manera discrecional. Lo que se decía que iba a ser por un trimestre o un semestre, va a durar todo el año y seguramente van a llover reclamos judiciales cuando se reabra la actividad en los tribunales.

Entonces, lo que queda abierto, la pregunta, es cómo vamos a salir de este largo proceso de peste y deuda. Si salimos con un mínimo nivel de equidad después de cuatro año de una transferencia brutal de ingresos a favor de los sectores concentrados o si salimos, otra vez, con el mismo mar de perdedores.

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