Fuera de Tiempo con Eduardo Levy Yeyati y Martín Hourest

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Eduardo Levy Yeyati, economista, escritor, ingeniero y decano de la Escuela de Gobierno de la Universidad Di Tella, conversó con Diego Genoud sobre la restricción externa, el control de cambios, la posibilidad de un desdoblamiento cambiario y el aumento de la pobreza.

También estuvo en Fuera de Tiempo Martín Hourest, economista del Instituto de Estudios de la CTA, fundador del FRENAPO y ex legislador porteño, que charló acerca del aumento de la pobreza, la necesidad de un ingreso universal, el impuesto a la riqueza y la fuga de capitales.

“Los Fernández y la carrera contra el tiempo”. Editorial del 03/10/2020 en FM Milenium.

Son las cifras del Indec las que muestran la realidad de una porción importantísima de la población argentina que está siempre al margen de lo que se discute en la agenda pública. Las cifras de desocupación, la semana pasada, y las de pobreza, esta semana. Cifras que muestran que la mitad de la población en Argentina vive en condiciones de marginalidad. Lo concreto es que, después del primer semestre, 18,5 millones de personas, hombres y mujeres y chicos están en la pobreza en la Argentina. Son 2,5 millones más que los que había un año atrás, cuando gobernaba  Mauricio Macri. La pobreza infantil afecta a más de 6 millones de chicos menores de 14 años, por lo que  56,3% de los chicos viven en la pobreza.

Es una zona opaca de la que no sabemos demasiado porque esas cifras, que ayudan a visibilizar a la mayor parte de la población, representan a sectores que no figuran en la discusión general. Sin embargo, números no alcanzan para entender en qué punto estamos parados. 

Además, muchos dicen que hay mucho más que ese 40,9% de pobres. Claudio Lozano, por ejemplo, dice que si uno mide la pobreza en el segundo trimestre de este año, la cifra no es de 41% sino que es de 47%. Pasa lo mismo con la desocupación, donde tenemos una cifra oficial de 13% desocupados, que ya de por sí es alta, pero sin embargo no incluye a 3.7 millones personas que cuando se hizo la medición no tenían trabajo, pero tampoco estaban buscando debido a la pandemia. Si se incluyen, la desocupación hoy en la Argentina sería del 29%. Habrá que ver si con las aperturas de estos últimos meses, algunos recuperaron y salieron de la pobreza.

Lo cierto es que estamos viendo en estos momentos los peores datos de pobreza y desocupación de los últimos 15 o 20 años. Y ese mazazo no dura nada en la agenda porque después se vuelve a discutir en torno a temas secundarios y aparece el Gobierno, el Círculo Rojo, los medios y la oposición en una pelea frontal en el terreno judicial en torno a tres jueces desconocidos que provocan una pelea a todo o nada. Una pelea que incluye a periodistas, voceros, dirigentes de un lado y de otro, pero que es endogámica: está desconectada de las necesidades de las mayorías. 

Por eso, cuando pasa el impacto de las cifras que muestra el Indec, se vuelve a ese grado cero de la discusión donde nadie quiere ser deber ni ceder nada. Entonces, los empresarios, el Círculo Rojo, dejan de lado el fantasma del estallido, el fantasma de un polvorín que en algún momento puede hacer eclosión. Pero esa despreocupación quizás no es tan natural en los dirigentes, en la política. Y para el Gobierno resulta casi temerario errar en el diagnóstico, errar en las prioridades. Para alguien que hace política, es un error dar por supuesto que la paciencia social. Es un error concentrarse en temas secundarios cuando de fondo hay una tempestad que se está llevando puesta a gran parte de la población. 

Tiene razón probablemente el Presidente cuando dice que todo sería peor si no hubiera habido ayuda estatal, pero también es cierto que esa ayuda no alcanzó. El IFE, que era un paliativo para 9 millones de personas, terminó siendo bimensual. El Salario Social Complementario (SSC), que cobran muchos trabajadores informales, está apenas en $8.400. 

Lo que hay es un cuadro social dramático al que se le suma un Estado que no logra salir de la debilidad, que no logró capitalizar el acuerdo de la deuda y que sigue padeciendo ahora la falta de dólares. De esos dólares que se fueron, en lo que va del año, para el atesoramiento, para el pago de la deuda, para las empresas que se endeudaron durante el gobierno de Macri y decidieron cancelar deuda gracias a los dólares baratos que le vendió hasta hace unos días nada más el Banco Central. También hay dólares que se van por las industrias que piden dólares para importar un 27% de lo que pedían hace unos meses aunque las importaciones caen en picada. Por eso, siempre hay una trampa incluso de esos sectores que tanto elogia Alberto Fernández y que pertenecen a la industria. Por eso vemos también a un gobierno haciendo gestos desesperados para fortalecer las reservas y frenar una devaluación que se impulsa desde el mercado

Por ahora, todo es día a día y todo es minuto a minuto. El Gobierno piensa que llegará marzo y ahí podrá respirar por la entrada de divisas. Mientras, espera que ahora el campo, a partir del nuevo esquema de retenciones, entregue al menos 3.000 o 4.000 millones de dólares para llegar a diciembre.

Son cinco meses eternos que todavía separan a los Fernández de la orilla de marzo y por eso el Frente de Todos está en una carrera contra el tiempo. Mientras tanto, la agenda de todos los días se la marcan los que presionan por la devaluación, se la marcan los que se llevan los dólares del Banco Central, los que pueden poner en riesgo la estabilidad desde arriba. El gobierno está atento a eso y por eso lanzó este paquete de medidas de emergencia en busca de conseguir reservas. Pero el Gobierno también debería estar atento y prestarle atención a lo que pasa en la base de la sociedad. no sólo lo que pasa arriba. Debería estar atento a la olla a presión de la pobreza, a la olla a presión de la desocupación y a la olla a presión que la desigualdad. En esta carrera contra el tiempo, los Fernández tienen que estar atentos a esas dos variables: a lo que pasa arriba y a lo que pasa abajo.

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