Fuera de Tiempo con Felipe Solá

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Felipe Solá, actual Canciller, ex Gobernador de la Provincia de Buenos Aires y ex diputado, conversó con Diego Genoud sobre la negociación con el FMI, la relación con China, la política del gobierno en torno a Malvinas, la falta de dólares y la cosecha que retienen los sojeros.

También estuvo en Fuera de Tiempo Celia Kleiman, socióloga, consultora y directora de Polldata Consultores, charló acerca la imagen de Alberto Fernández, la polarización y el regreso de los antagonismos en medio de la crisis.

“La profundidad de la crisis y la época de las restricciones”. Editorial del 26/09/2020 en FM Milenium.

Pocas veces como esta semana que cerró vimos datos de la crisis tan condensados en tan pocos días. Por un lado, la crisis múltiple de la Argentina, en toda su dimensión, se pudo ver con el dólar: con el aumento en la brecha cambiaria, la subida del riesgo país y la caída de reservas del Banco Central por la que se decidió apretar aún más el torniquete del control de cambios.

Datos también de esta semana del INDEC: en el segundo trimestre del año, la desocupación está en 13,1%. Subió 2,5% y es el nivel más alto de los últimos 16 años. Ya en los últimos dos años de Macri el desempleo volvió a aparecer en las encuestas como preocupación. Lo cierto es que no se sabe cuál es la profundidad de la crisis y ese es uno de los grandes problemas que tiene hoy el Gobierno. 

Hay 3,7 millones de personas que perdieron el empleo o no pudieron trabajar en el segundo trimestre del año. La mayoría de ellas, alrededor de dos millones, pertenecen al sector informal, es decir, trabajan en negro. Pero ese continente de argentinos y argentinas que quedó al margen del mundo del trabajo en el segundo trimestre del año no está contado en ese 13,1% que publicó el INDEC. Por eso, el número de desocupación que estamos viendo oculta o deja entre paréntesis a un porcentaje muy grande de la población. También la actividad, otro dato fundamental a la hora de leer por completo el cuadro laboral, cayó en un 8,7%. 

Por eso, según dice Claudio Lozano, un especialista que siempre trabajó en torno a los datos del mercado de trabajo y hoy es funcionario del Gobierno Nacional como director del Banco Nación, si no fuera por la gente que dejó de buscar trabajo, el desempleo hoy estaría en 29%: ahí están esos 3,7 millones de personas, cuatro millones de personas que no salieron a buscar durante ese segundo trimestre del año y que no están contabilizados por el número de 13,1% de desocupación. El informe de Lozano y de Agustina Haimovich, del IPYPP, constata que la destrucción de puestos de trabajo fue mucho mayor en aquellos segmentos más desprotegidos frente a la crisis. Hay una caída brutal de los asalariados no registrados: -44,7%. También una importante reducción en la cantidad de patrones de empleadores. Los trabajadores por cuenta propia cayeron un 29,7%. 

Dice Lozano que ese derrumbe laboral será importante en términos de aumento de la pobreza y la indigencia que tenemos en la Argentina. Aparece una pregunta fundamental, un enigma para el que hoy no hay respuesta: ¿en qué medida ese continente de desocupados no registrados va a conseguir trabajo en el futuro? Ese es el interrogante más importante del futuro laboral. También dice Agustín Salvia, de la UCA, que sin los programas sociales la pobreza estaría muy por encima del 50%.

No sabemos si estamos frente a un drama estacional que profundiza los números ya negativos de los últimos dos años de Macri o si estamos ante una época nueva que se abre en la cual vamos a tener una porción de la población muy importante y en ascenso al margen del trabajo, al margen de la formalidad, en el mundo de la pobreza y de la indigencia.

Otro dato que refleja la profundidad de esta crisis: cayó la economía en picada también en el segundo trimestre. Según el Indec, la reducción fue de 19,1% respecto a 2019, que fue un año recesivo. Esta caída superó la debacle de 2012 y se quedó en niveles de 2006. Por supuesto, no es un fenómeno aislado: es un número que está tono con lo que pasa en muchos países de Europa, que está tono con lo que pasa en México, en Chile, en Colombia y en Perú. Pero a ese cuadro global, está economía argentina le tiene que sumar los años de recesión, de bajo crecimiento, de ajuste en los salarios, que ya venía acumulando. Por eso es más grave en Argentina, porque la sociedad ya venía muy golpeada y muy lastimada en la última década de bajo crecimiento, de recesión plena. 

A esto se le suma el problema del dólar, que hoy no está nada atrasado. De hecho, si uno compara el dólar con el que asumió Fernández y el dólar oficial que tenemos hoy, hay un acompañamiento de la inflación. Ya hay una devaluación del peso según el indicador del dólar oficial, que prácticamente no existe para la mayor parte de la sociedad. 

El control de cambios, que la primera semana funcionó al revés de lo que esperaba el gobierno porque sigue la presión sobre el dólar, no parece resolver el problema de fondo y nadie cree que con esta medida alcance. El Banco Central tiene reservas netas estimadas en U$S7 mil millones, pero ahí se cuenta el oro y no tiene mucho más. Por eso, lo que vuelve a discutirse es que tarde o temprano habrá que tomar una definición de fondo. Esa definición de fondo, lo que anduvo circulando antes de que Miguel Pesce aumentara el control de cambios, era el desdoblamiento cambiario.

El Gobierno se propone evitar decisiones que afecten más a los ya lastimados por la crisis, pero al mismo tiempo no se sabe cómo va a hacer Alberto Fernández para evitar una devaluación que, incluso voceros del oficialismo, dicen “es una porquería pero va a ser la única salida”. El control de cambios puede lograr que pare la salida, pero lo que es seguro es que no va aumentar la oferta dólares. 

Al cuadro de la desocupación, de la recesión, de la caída del poder adquisitivo, del Salario Mínimo en apenas $17 mil pesos, se le puede sumar un nuevo cimbronazo si el gobierno no encuentra rápido una forma de arreglar el problema de la falta de dólares. Si no encuentran acuerdo con los agroexportadores para que liquiden algo de la producción.

Alberto Fernández y Martín Guzmán van a tener que encontrar algo para frenar este cuadro de una crisis en cadena. Una crisis que, muchos piensan, incubó el macrismo y esta vez le estalló al peronismo. El temor que algunos tenían hace dos años era que, por primera vez, como nunca quizás, la crisis le toque al peronismo.

Cuando uno mira este cuadro complejo de crisis, de desempleo, de falta de dólares, de pobreza, tiene motivos para alarmarse. Por eso, algunos piensan que hasta hay que festejar que todavía no haya habido un desborde mayor. Algunos dicen que hay que celebrar que la olla presión que es la sociedad Argentina todavía sigue sin estallar.

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