Fuera de Tiempo con Mariana Heredia

Mariana Heredia, socióloga, investigadora del CONICET en el Instituto de Altos Estudios Sociales de la Universidad Nacional de San Martín y autora de ¿El 99% contra el 1%? Por qué la obsesión por los ricos no sirve para combatir la desigualdad (Siglo XXI) conversó con Diego Genoud acerca del mundo de las clases dominantes y las desigualdades.

“La campaña a destiempo”. Editorial 22 de octubre en FM Milenium.

Quedaron muy lejos el Día de la Lealtad y los actos con los que comenzó la semana. El Frente de Todos apareció partido en varias tribus y escenarios. Uno central, el de Plaza de Mayo, pero también en muchos otros desde donde hablaban las distintas voces que integran la familia ensamblada del Frente de Todos.

Un aniversario del Día de la Lealtad que llamó la atención por lo precipitado de ciertas discusiones que tienen que ver con la campaña electoral del año que viene, cuando aún falta muchísimo. El peronismo está dividido en el poder, en una situación inédita con la Vicepresidenta, que concentra la mayor parte de las adhesiones dentro del Frente de Todos, y con un Presidente delegado que no responde como ella quisiera. 

Hablaron, además de La Cámpora y de los funcionarios del Presidente, el sindicalismo, los movimientos sociales, en una composición que muestra al peronismo lanzado a la campaña antes de tiempo. Y en un operativo donde los Intendentes y Gobernadores aceleran el proceso del “sálvese quién pueda”. Este peronismo de la retirada, como decía en una nota que publiqué la semana pasada en La Política Online, lo vemos en Juan Zabaleta que vuelve a Hurlingham, en Juan Manzur que anuncia su regreso a Tucumán, en los Gobernadores que adelantan las elecciones y buscan desengancharse del calendario nacional.

Además de esta discusión a destiempo, sorprende la centralidad de Mauricio Macri. Algo muy impresionante, casi como si Macri fuera ese candidato virgen en fracasos, aquel del 2015, como si no hubiera gobernado nunca. Macri aparece en el rol de jefe, muy marcado, que presenta además su libro el lunes que viene en La Rural. Se titula Para qué, una pregunta que muchos se hacen, incluyendo el propio Macri. ¿Para qué quiere volver? ¿Para qué gobernar esta Argentina con problemas estructurales, en esta Argentina en la que nadie tiene las mayorías como para avanzar tal y como quisiera con un proyecto de país?

Así lo vemos a Macri en el centro. Un Macri que habla con todos y a quien lo van a visitar, que es entrevistado como si fuera un expresidente exitoso, como si tuviera la palabra autorizada en un contexto de crisis profunda, de división en el Frente de Todos y de una inflación que corre por arriba del 90% anual. 

Macri sugiere que se puede imaginar a Patricia Bullrich como Presidenta. Juega a que él no va a ser, como si él estuviera más allá de la disputa chiquita en Juntos. Dice que no está anotado pero lo vemos en Entre Ríos con Miguel Ángel Pichetto, su candidato a Vicepresidente de 2019; lo vemos en Entre Ríos con Rogelio Frigerio, el ex ministro del Interior que según el propio Macri estaba en la lista de los que lo querían jubilar y a quien hoy las encuestas señalan como próximo Gobernador. Si es así, es un Gobernador que tiene como jefe a Mauricio Macri. Por eso digo que hasta los que lo querían jubilar ahora llaman a Macri para que aparezca con ellos en la foto. 

Del otro lado, vemos a un Presidente como Alberto Fernández, atrapado y enredado en las discusiones de Gran Hermano, que le cede la centralidad a Cristina. Otra vez, casi como si estuviéramos en 2015 o en 2019. Macri en el centro, Cristina en el centro —tanto dentro como fuera del país. La Vicepresidenta apareció esta semana, el jueves, en un almuerzo con embajadores de veinte países de Europa. Fueron veinte los embajadores europeos que le piden a ella una reunión. Ahora va a venir al país el Secretario General de los países de la Unión Europea y todo indica que se va a encontrar con Cristina.

Cristina vuelve a aparecer en un acto, el primero fuera del Senado y luego del intento de magnicidio que la tuvo como blanco. Demuestra su fortaleza, su poderío y la capacidad de interlocución que todavía tiene, aún siendo la jefa de uno de los sectores que alimenta y sostiene la polarización. Así como lo van a buscar a Macri, del otro lado de la grieta. 

Cristina contrasta con Alberto. Y Macri contrasta con Horacio Rodríguez Larreta, el jefe de Gobierno porteño, que amaga con lanzarse a la presidencia. En las reuniones que tiene en privado dice que va a ser candidato sí o sí, pero lo ven con muchas dificultades para discutir el liderazgo.

En una entrevista pública de hace unas horas, Durán Barba le decía a Macri: “Ojo que ya venimos de experiencias en las que el jefe no compite”. Podemos pensar en Perón y Cámpora pero también podemos pensar en Alberto y Cristina. Durán Barba se lo decía a Macri, con el supuesto de que el jefe sigue siendo Macri y, si no compite, puede haber problemas en el Gobierno en el caso de que Juntos gane y el jefe no esté en la Casa Rosada y en la Quinta de Olivos.

Esta discusión política, con Macri y Cristina en el centro, con el Frente de Todos lanzado a discutir candidaturas, repartos de un poder que se le escurre entre los dedos, contrasta con la realidad de siempre, de todos los días de las mayorías que hacen malabares para llegar a fin de mes. Parece desenganchada la escena de la política de la escena social, de la cual vive y depende la política. La dirigencia política necesita el voto de estas mayorías que sufren para revalidarse como tal.

La cierta estabilidad cambiaria de un dólar que dejó de dispararse, el dulce del dólar soja, los préstamos que llegan, las concesiones que hace Sergio Massa, van dilatando la realidad de un país al que le faltan dólares. Se nota en el control estricto a las importaciones. Después de mucho subsidiar a la industria, el Gobierno dice que no hay más dólares para casi nadie.

Y de fondo, se advierte el problema esencial del ajuste furioso sobre los ingresos. Las jubilaciones, los salarios estatales, los trabajadores informales que, según los últimos datos del INDEC, son el 43% ya en la Argentina. 4 de cada 10 personas, según el INDEC, trabajan en la precariedad y sus ingresos están a años luz de la inflación. 

Ya hay cálculos de consultoras que dicen que este año las jubilaciones van a perder entre 20 y 30 puntos con la inflación. Es lo mismo que van a perder muchos trabajadores, incluso del sector formal, que no tienen posibilidad de discutir una paritaria al 100% como sí lo pueden hacer algunos gremios como camioneros, bancarios, aceiteros, el sindicato de seguros, sanidad. Son excepciones.

El país tiene además casi 20 millones de personas bajo la línea de pobreza. Esa es la Argentina. Esa es la escena dislocada entre lo que discute la dirigencia política, dominada por las figuras de Cristina y Macri, y lo que vive una enorme mayoría de la población.

Datos del INDEC, que siempre comentamos en este programa: la inflación del mes pasado, que fue del 6,2%, quedó atrás de la suba de la Canasta Básica Total y la Canasta Básica Alimentaria, que aumentaron 7,1%. Esa fue la inflación, lo que algunos llaman “inflación de los pobres”. Para que una familia no caiga en la pobreza hoy hacen falta $128.000 y $56.000 pesos para que no caiga en la indigencia. Siempre y cuando sea una familia que no alquila, que es dueña de la propiedad en la que vive o no paga o le prestan, que es el supuesto que maneja el INDEC.

¿Cuánto aumentó la Canasta Básica Alimentaria en la Argentina en los primeros nueve meses del año? 89%. Algunos se acordarán del anunció del Presidente, de “la guerra contra la inflación”, otra  de sus tantas declaraciones desafortunadas. Más allá de que pueda nombrar a algunos Ministros todavía para mantenerse en pie en la Argentina, el Presidente perdió esa capacidad a la salida de la pandemia.

En este contexto de una inflación descontrolada aún con un dólar quieto, el Congreso va a la aprobación de un Presupuesto de ajuste que tiene su trazo grueso redactado por el Fondo Monetario Internacional, actor central de la política argentina, sentado a la mesa de las decisiones. 

Macri trajo de regreso al Fondo y esa deuda descomunal, pero en el Frente de Todos muchos culpan a Guzmán por el acuerdo que firmó. Responsabilizan al Ministro que se fue por el presupuesto de ajuste que hoy envía Massa. Son discusiones inconclusas, pases de facturas, que se dan dentro del peronismo que gobierna dividido como pocas veces en el poder. 

¿Qué trae este presupuesto de ajuste? Recortes muy fuertes en los subsidios a la energía y al transporte, aumento de tarifas. Estaban muy atrasadas, por supuesto, como también están atrasados los salarios e ingresos. Las prestaciones sociales también van a sufrir el recorte; los planes alimentarios, las asignaciones familiares. La educación, las Becas Progresar, los fondos para las universidades. La reducción del gasto total será del 1,2% del PBI. No hay muchas críticas explícitas del Frente de Todos, incluso los sectores ligados a Juan Grabois firmaron el dictamen de este Presupuesto. Sí hubo críticas de la izquierda porque se afecta a los sectores más vulnerables. 

La observación de la Oficina de Presupuesto del Congreso, que contrasta estos recortes, es que la partida va a aumentar los intereses de la deuda. Casi 3 billones de pesos se van a pagar, según la Oficina que dirige Marcos Makón. Esto representa un aumento de 7,8% a 9,3% sobre el gasto total del Presupuesto. Lo que se destina a los intereses de la deuda sí aumenta.

También UNICEF plantea una crítica a este presupuesto. En un documento que difundió en las últimas horas, habla de “riesgos de desfinanciamiento significativo para algunas políticas fundamentales para la niñez como la prestación alimentaria, las acciones vinculadas a la protección de ingresos y las respuestas orientadas a la expansión de la oferta de servicios de educación y cuidados de primera infancia”. 

Mientras tanto los partidos están lanzados a la campaña electoral. Con muchísima actividad pública, recorriendo distritos, discutiendo posicionamientos de poder hacia 2023. Eso es elocuente para cualquiera que sale a la calle. Hay un malestar que la dirigencia política no puede nombrar, o no sabe cómo nombrar. Algunos, parte del Frente de Todos, tratan de hacer mención como si no estuvieran en el Gobierno. Otros no lo mencionan, no lo consideran parte de su agenda o de las preocupaciones de los sectores que representan. La gran oposición podríamos decir.

Mientras esa dirigencia política no puede nombrar el malestar, crece un submundo de personajes que se integran a la ultraderecha. Toda esa trama que está detrás del atentado contra la Vicepresidenta. Infinidad de grupúsculos, pequeños grupos y agrupamientos, nuevas siglas que ganaron la calle antes, durante y después de la pandemia. 

Hay una investigación judicial que va desde Fernando Sabag Montiel y Brenda Uliarte hasta Revolución Federal. Pero es mucho lo que está organizado detrás de esos sectores. Las conexiones, la trama, el financiamiento de los hermanos Caputo, el circuito que la jueza María Eugenia Capuchetti ahora empieza a investigar. ¿En quién se referencian esos sectores en la política? ¿En quién se inspiran? Figuras border del sistema político: Patricia Bullrich, Javier Milei. 

Son sectores que justamente tienen en cuenta el malestar y crecen ante la indiferencia de una clase política que discute el reparto del poder  mientras se les escurre el poder de las manos. El Gobierno y la oposición están lanzados a la campaña pero, si llegar a fin de mes es una odisea para muchos que no tienen la subsistencia garantizada, pensar en las elecciones de 2023 es como viajar a otro planeta. 

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