Fuera de Tiempo con Vicky Murillo

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Vicky Murillo, politóloga argentina, profesora y directora del Institute of Latin American Studies en la Universidad de Columbia, conversó con Diego Genoud sobre la situación en Estados Unidos, América Latina, las reformas estructurales y el escenario de polarización.

También estuvo en Fuera de Tiempo Teddy Karagozian, accionista de TNT & Platex, la fábrica más grande de hilados del país, miembro de la UIA y socio de AEA. Dio sus impresiones sobre la reactivación económica, el default, la reforma impositiva, el círculo rojo, Macri y el peronismo.

“Fernández, un ministro fuerte y el Plan B de los amigos”. Editorial del 1/07/2020 en FM Milenium

No se puede hablar más de pospandemia en la Argentina. Alberto Fernández tiene un informe que dice que hasta junio del año que viene no habrá una vacuna ni fabricada ni repartida para terminar con el coronavirus: habrá que convivir con él. La famosa pospandemia de la que se habla dentro y fuera del gobierno no existe por lo menos en el corto plazo. Sí se puede hablar de poscuarentena, del período que se abrirá cuando termine este encierro estricto, pero la pandemia llegó para quedarse como se ve incluso con rebrotes en distintos lugares del mundo.

Los efectos del Covid-19 llegaron para quedarse. Tenemos sobre la mesa datos que muestran la gravedad de la parálisis. El derrumbe de la economía en abril fue del 26,4%, mucho más profundo de lo que se suponía. Hay que retrotraerse muy atrás para encontrar una caída similar. Son números que asustan incluso en el gobierno, sobre todo para un país que viene de cuatro años de ajuste con Mauricio Macri y de diez años donde la economía no crece.  Los efectos se replican en otros lugares. En Chile, por ejemplo, hubo una caída del 15% de la economía en mayo, pero con una situación mucho más dramática desde el punto de vista sanitario, con más muertos y un cuadro mucho más explosivo a nivel social. Pero en la Argentina no hay forma de sostener esta cuarentena estricta por mucho más tiempo porque los paliativos que da el Estado alcanzan sólo en algunos sectores.

El gobierno dice que hay que volver a producir, dejar de subsidiar a las grandes empresas y lanzar programas de empleo. Varios de estos programas está pensando el gabinete económico para los próximos meses porque se van a seguir destruyendo empresas y se van a seguir perdiendo puestos de trabajo. Pero aunque vuelva la producción, hay algo que no responde y es la demanda. Ese es el gran problema por el cual la pandemia es algo más que una foto pasajera. La demanda no se acomoda tan rápido al aumento de la producción por más que se abra todo. Eso es lo que no quiere reconocer el círculo rojo, las empresas o la oposición: la demanda va a tardar en recuperarse porque hay miedo a gastar, miedo a lo que vendrá.

Mientras Argentina vive esta situación, tiene por otro lado el problema de la deuda y el fantasma del default. Cuando llegó, Alberto Fernández había atado todo su Gobierno al ítem de la deuda. Casi siete meses después, sigue sin resolverse el conflicto y el Gobierno dice “hay que financiarse en pesos”. Es algo que ya está haciendo el Estado y también algunas grandes empresas. Esta semana lo hizo Arcor con una obligación no negociable que tuvo más adhesión de la que se esperaba. Pero el tema de la deuda sigue trabado.

Lo que vemos cada semana es la presión de los voceros locales de los grandes fondos de inversión, lobby que penetra incluso en las costas del oficialismo. También dentro del Frente de Todos están los lobbistas. Eso se ve en las reuniones que los fondos hacen con protagonistas del oficialismo tratando de sacar una diferencia mayor pese a que ya sacaron bastante en esta negociación, ya que se dice que Martín Guzmán ya cedió más de U$S 10 mil millones en esta puja.

Dicen en el Gobierno que Blackrock, Templeton y Fidelity, entre todos, no tienen más del 14% de la deuda. Sin embargo, en las noticias, es más importante la voz de esos fondos que la del Gobierno. El resto de la deuda está desperdigada en manos de gente que el Gobierno ni siquiera sabe quiénes son.  

Como decía un periodista reconocido la Revista Noticias que se llama Silvio Santamarina: “Guzmán es el ministro de la deuda, no es el ministro de Economía”. Esa idea la tomaron otros, como Alfonso Prat Gay y algunos empresarios. Es cierto: había otro plan para Alberto Fernández antes de que asumiera Martín Guzmán.

Hace quince años que Argentina no tiene un ministro de economía fuerte como fue Roberto Lavagna o quizás Axel Kicillof. Un ministro de Economía es más que un ministro, porque a través de él se puede ver el proyecto de país que tiene el Presidente y se puede ver el bloque de poder que está gobernando. Antes de que llegara Guzmán, había empresarios cercanos a Fernández que propusieron a Martín Redrado. Fernández llegó a decir que iba a tener un ministro fuerte y que Redrado iba a tener un rol importante. Después, todo indica que Cristina Fernández dijo “gracias, pero no”. Redrado fue testigo en la causa del dólar futuro contra Cristina Kirchner y quedó afuera.

Otro grupo de empresarios como Hugo Sigman, José Luis Manzano y Jorge Brito impulsaron a Emmanuel Álvarez Agis para que sea ministro de Economía. Finalmente, tampoco pudo ser. Por último, apareció entre los nombres también el amigo del alma —de toda la vida— que tiene Jorge Brito, Carlos Melconian, un candidato frustrado a ministro de Economía desde la época de Carlos Menem. Melconian, Álvarez Agis, Redrado. Todos eran candidatos que tenía Fernández sobre la mesa y finalmente dijo que no.

Las fortalezas que tiene Guzmán son su relación con el premio nobel de Economía, Joseph Stiglitz y la relación con el Papa. También cuenta con el apoyo de Fernández que, en una entrevista de Gabriel Sued para La Nación, dijo: “Dios me iluminó cuando lo elegí a Guzmán”. No sé si todavía sigue pensando, pero habrá sido hace un mes.

A Guzmán se lo critica porque no tiene experiencia y porque viene el mundo académico, pero nadie lo puede criticar porque trabaja para un sector empresario. Casi siempre el ministro de Economía responde a algún interés. Nicolás Dujovne trabajaba para el Banco Galicia. Hasta el campo se lo decía a Macri: “Dujovne sube las retenciones porque trabaja para el sector financiero. Luis “Toto” Caputo trabajaba para los grandes fondos de inversión, era un trader. Venía de trabajar en el sector privado. Guzmán eso no lo tiene y nadie lo puede criticar por eso. Hay que ver cómo se resuelve la situación de la deuda y cómo sale el gobierno de este doble cerco de la peste y la deuda.

Vuelven a aparecer empresarios cerca del Gobierno. La semana pasada Alberto Fernández estuvo en un acto con Marcelo Mindlin, que es el dueño de Edenor y de Transener. El zar de la energía, como le dicen algunos, que además le compró la empresa a Ángelo Calcaterra, el primo de Macri, cuando amanecía la ilusión de Cambiemos. Se acomodó bien Mindlin y ahora Alberto Fernández, que en campaña lo había cuestionado, apareció presentándolo como un ejemplo. Lo puso como contraejemplo de Vicentín. Dijo que era un empresario nacional.

Tanto Mindlin como Jorge Brito, que ahora le dio un reportaje al Cronista, aparecen en este momento de indefinición sobre la economía y la deuda. Mindlin estuvo además en una reunión que contó Horacio Verbitsky y que luego expandió Carlos Pagni. Un encuentro del que participaron Mindlin, Sergio Massa, Máximo Kirchner, Alejandro Bulgheroni y Eduardo de Pedro. Esto refleja que hay figuras del gobierno que están cerca de ese bloque empresario que asoma al lado del Presidente.

Muchos comparan a Guzmán con un ministro de Economía que tuvo Raúl Alfonsín que se llamaba Bernardo Grinspun porque, en ese momento, cuando el radical tenía discusiones con los grandes grupos económicos, su cara era Grinspun. Después lo sacaron por la ventana y vino Juan Vital Sourrouille, que trabajaba para Techint, empresa con la que tenía problemas Grinspun. Así se resuelven las pujas de poder: un ministro de Economía enfrenta determinados intereses y después, cuando la pelea se pierde, es reemplazado por otro que representa exactamente lo inverso. Esta es la discusión que creo que se está dando dentro del Frente de Todos, esa alianza tan amplia que incluye a sectores empresarios.

Lo que está sucediendo en estos momentos, en esas reuniones, es que al presidente y a su socia le están poniendo sobre la mesa un plan económico, ese plan económico que le reclamaban desde afuera. Ese Plan B que ahora aparece en realidad era el Plan A, que había sido desechado por Alberto Fernández y Cristina Fernández. Ahora vuelve otra vez. Lo tiene el Presidente. Lo tiene Máximo Kirchner. Depende de los Fernández si quieren también en eso dar marcha atrás.

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