El enojo de Fernández, la tesis de Cristina y la cuarentena de los Rocca

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Nota publicada el 7 de abril del 2020 en El Canciller.

Derrota es tener que explicar. Siempre, pero más cuando la emergencia se profundiza, los meses que vienen asoman más difíciles y lo que aparece al final del túnel es un mundo de posguerra. Unos pocos días alcanzaron para cambiar la imagen excepcional del Alberto Fernández que iba al frente en la batalla contra el enemigo invisible por la de un Presidente que aparece fastidiado y enojado con su propio equipo por las cosas que no sólo se hacen mal, sino que además perjudican a la base social del oficialismo. Primero el operativo en los bancos, más tarde las compras de alimentos, finalmente la dificultad para avanzar con un programa que reconcilie a los caídos del mapa con los que no quieren ceder nada.

Aún con un esfuerzo evidente por contener una crisis múltiple, el gobierno queda detrás de los acontecimientos y son más rápidos y efectivos los que le fijan límites, de mal modo, a su política de unidad nacional. Los 1450 despidos que logró imponer Techint siguieron con suspensiones y recortes de sueldo en una lista sorprendente de grandes empresas, pese al DNU de una autoridad que se deshace en promesas de ser inflexible.

Frente a los hechos consumados, el oficialismo se divide entre los que dicen que es la brutal presión del Círculo Rojo para salir de la cuarentena cuanto antes y los que ven con preocupación el estrecho desfiladero por el que empieza a deslizarse la Argentina que gobierna Fernández. Para los primeros, es lógico que existen dificultades en el marco de lo impredecible, pero Alberto no va a ceder; para los segundos, la consigna no dicha del establishment es “que se salve el que se tenga que salvar” y el profesor de Derecho Penal corre riesgos claros de quedar desautorizado, en medio de la peor recesión y con el desempleo de regreso.

Extorsiones al margen, hoy hay seis millones y medio de trabajadores registrados en relación de dependencia en el sector privado, que ven peligrar el pago de sus sueldos. De acuerdo al cálculo de la UIA, las pequeñas empresas emplean a 3 millones de asalariados, las grandes a 2,5 millones y las medianas, a 1 millón. Afectado por años de parálisis y el peso del aislamiento extremo, en ese universo están los que demandan créditos que los bancos no habilitan a la velocidad que hace falta.

Endeudados en dólares y con la recaudación en picada, los gobernadores empiezan a resolver la crisis por su cuenta con bonos como el de Juan Schiaretti y un ajuste a los sueldos altos que no se sabe dónde termina. Aunque nadie se los informe, otra vez los jubilados vuelven a figurar como carne de cañón.

El silencio de Cristina Fernández de Kirchner es un estruendo que abre también a múltiples lecturas. La polarización que se reactiva por estas horas no la tiene como motor visible ni pareciera precisarla. Pero la contempla. Algunos remarcan que con el Presidente se firmó una “sociedad de subsistencia” y que eso se expresa en la silla que tiene reservada Máximo Kirchner en la mesa de Olivos. Otros admiten que la vicepresidenta está en una posición incómoda porque el manual que ejecuta el gobierno no es el suyo. Cuando el gabinete empieza a crujir, al lado de CFK recuerdan que la doctora no sólo vetó nombres que le habían hecho daño personal: también objetó a dos funcionarios que no tenían experiencia suficiente para el cargo que les ofrecía Alberto. Los dos reciben ahora cuestionamientos intermitentes.

Los Fernández no sólo buscan surfear la crisis más fiera y la posibilidad de un default que cada vez conmueve menos. Además, dirimen en la práctica una discusión antigua, que se obturó cuando el ex jefe de Gabinete renunció a su cargo. El Presidente tiene que probar que los buenos modales que le reclamaba a su socia hace 12 años sirven en el poder para conducir una Argentina salvaje. Pero el mercado ya enterró a varias generaciones de políticos -y a una camarilla de CEOs- que le hablaron con el corazón.

Si el gran acuerdo fracasa y la confrontación va en ascenso, la tesis de Cristina volverá a quedar reafirmada por la realidad, como sucedió con Mauricio Macri al que pocos en el sistema político le auguraban un derrape como el que tuvo. El gobierno de coalición peronista que hoy existe, con polos bien diferenciados, verá cómo el kirchnerismo se siente autorizado a tomar un protagonismo mayor, tal vez proporcional al de su peso electoral. Lo mismo pasará entre los halcones de la oposición que hoy aparecen todavía rezagados por Horacio Rodríguez Larreta y el macrismo de la gestión.

Más allá del aval formal del Presidente al proyecto de Kirchner hijo, la propuesta de un impuesto extraordinario no conmueve en Olivos y para algunos es directamente inviable. En la batería de iniciativas que esperan por un Congreso abierto circulan ideas más ambiciosas, como el aumento de Ganancias al 50% para personas físicas, la creación de una sobretasa para ganancias extraordinarias, la suba de Bienes Personales al 5%, el impuesto a la herencia, la adecuación del impuesto inmobiliario a los valores de mercado y la imposición de penalidades a las operaciones en paraísos fiscales. Como el huevo y la gallina, si esas reformas prosperaran el país sería otro. O debería ser otro para que prosperaran.

Lo distintivo de esta pulseada en la cubierta del Titanic es que a nadie le sobra nada. Tampoco Paolo Rocca, vencedor en su cruzada por ajustar sus márgenes de rentabilidad con despidos, está frente al mejor de los mundos. No sólo las causas judiciales que se tramitan en Brasil y en Italia contra los directivos de Techint le indican que no tiene más remedio que apostar a la Argentina. Tampoco Gianfelice Rocca está muy contento con ver al CEO que en 2018 admitió el pago de coimas en el Hotel Sheraton, otra vez enredado en problemas con el gobierno de turno. En mayo próximo, el magnate de la Asociación Empresaria Argentina y su hermano mayor tienen la primera audiencia del juicio oral por sobornos que se tramita contra los directivos del gigante siderúrgico, en los tribunales de Milán. Tal vez sea una interesante videoconferencia para ver en cuarentena.

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