Fuera de Tiempo con Alejandro Horowicz

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El ensayista, cientista social, profesor y escritor Alejandro Horowicz conversó con Diego Genoud sobre Alberto Fernández, el Frente de Todos y la relación con el establishment.

También charló en Fuera de Tiempo Osvaldo Barsky, economista, sociólogo rural, investigador y autor de Políticas agrarias en América Latina sobre Vicentín, el endeudamiento y la relación del gobierno con el sector agrario.

“Fernández frente a una oposición que no duda ni retrocede”. Editorial del 20/06/2020 en FM Milenium

Llegamos al Día de la Bandera otra vez atrapados como estamos entre la deuda y la peste, contando diariamente los muertos por la pandemia, las camas que quedan disponibles, la curva, el pico, el encierro que se estira, los casos que se repiten y se propagan sobre todo en el AMBA. También estamos contando los costos no sanitarios: los puestos de trabajo que se pierden, el proceso de una economía devastada, que ya venía mal y que la pandemia afectó de manera muy contundente en un país que hace una década está en recesión

El día a día es la lucha por la supervivencia, no sólo la Argentina, sino también en países como Brasil, Chile, México, Perú y todos los países con los que podemos compararnos. Se ve además al presidente Alberto Fernández con muchas dificultades para gobernar, en el día a día, en este doble frente de la deuda y la peste. Dificultades reales, concretas. Algunas propias a la hora de tomar decisiones y otras que tienen que ver con los desafíos externos que no dependen sólo de la voluntad del Gobierno.

Un caso muy claro es el de la deuda, que se suponía que iba camino hacia un acuerdo y que nos enteramos el jueves que volvió a enfriarse porque Martín Guzmán se plantó en la negociación. Según el presidente, además de una derrota en el mostrador donde se discuten intereses concretos, sería una derrota política si el país ofrece a los bonistas más del 50% por bonos que hoy valen bastante menos

Está planteada la voracidad de los fondos de inversión a través de sus voceros locales, que son muchísimos y están por todos lados. Muchos patriotas en el Día de la Bandera que juegan para los fondos de inversión. Según lo que dicen las crónicas de voceros de los fondos de inversión, Guzmán ya cedió alrededor de U$S 10 mil millones con respecto a la oferta inicial. Pero no alcanza y sigue trabada esta negociación. Por eso, hoy la temperatura indica que estamos más cerca del noveno default. 

Además de eso, está la parálisis: la paciencia que se agota, el estrés cotidiano de los que viven un trimestre de encierro y la falta de ingreso de un sector de la sociedad que no tiene hoy cómo generar lo que necesita para soportar el día a día. Hay comercios cerrados que no van a poder abrir y van a un cierre definitivo. Las estadísticas de un informe de FECOBA, una federación de PyMEs de la Ciudad, indican que el 20% de los comercios de la Ciudad dicen que no pueden recuperarse y van al cierre definitivo

Se dan dos procesos paralelos, además de lo que ya mencionamos, de los que se habla muy poco. Primero, el ajuste de los salarios, que ya venían de una paliza durante los años de Macri. En el borrador del contrato social que había presentado Alberto Fernández, el salario era el motor del crecimiento pero ahora, pandemia de por medio, sigue en picada. El salario sigue sufriendo un ajuste permanente y va a ser difícil que la recuperación pase por el salario. 

En segundo lugar, la reducción de personal. Una fábrica que en estos momentos está funcionando con la mitad de su personal y que advierte que puede hacer el mismo trabajo, cuando la pandemia pase probablemente decida seguir trabajando con la mitad de sus trabajadores. Hace falta ahí la presencia del Estado pero, como dijo la semana pasada Carlos Leyba, este es un estado muy grande pero al mismo tiempo débil para intervenir en este tipo de procesos que se están dando en la economía Argentina.

Se ve es un gobierno abrumado y una oposición que tiene una vitalidad sorprendente. No es la oposición política, no estoy hablando de María Eugenia Vidal, ni de Larreta, ni de Bullrich. Mucho menos de Macri, que no sólo se fue con un fracaso alevoso en economía, sino que ahora además está enredado en la podredumbre del espionaje. Hablo de una oposición, muy fuerte a mi criterio, que está plantada —parada de manos— ante Alberto Fernández y ante el Frente de Todos en general.

Esa oposición se observa si uno compara lo que fue la salida del kirchnerismo con la del macrismo. El kirchnerismo había armado una estructura de medios durante el gobierno que, cuando se fue, se derrumbó. Se fue Sergio Szpolski sin pagar los sueldos, se vinieron abajo las empresa de Cristóbal López y las de de Gerardo Ferreyra. En esa batalla de medios la disparidad fue abrumadora a favor de las fuerzas que habían llevado a Macri al poder. 

Pero cuando cayó el macrismo no cambió nada. O cambió muy poco. Cuando el macrismo se vino abajo, la fuerza que los llevó al poder se mantuvo a salvo sin retroceder un milímetro. Grupos empresarios, sectores financieros, estructuras de medios que ni siquiera cambiaron algunas caras de periodistas. La permanencia de ese discurso fuerte contra el Gobierno y la vitalidad de esa oposición de empresarios, de grupos financieros, sorprende todavía hoy en algunos que están dentro del Frente de Todos. Ésa es la vanguardia de la oposición: la de un frente social empresario que votó a Macri sabiendo que había fracasado pero lo votó sobre todo contra el kirchnerismo, contra Cristina Fernández y, por supuesto, también contra el peronismo.

Ese frente social empresario se volvió a activar con la trama de Vicentin y volvió a mostrar un discurso muy fuerte, claro y agresivo contra la expropiación a nivel social. Lo mostró en las movilizaciones en Santa Fe y lo sigue mostrando con banderazos y distintas manifestaciones. Por eso, insisto, no son sólo grupos empresarios sino que además hay un sector amplio de la sociedad que rechaza al modelo del Frente de Todos, al kirchnerismo en particular, pero también a las iniciativas como la que tomó Fernández.

Si uno mira ese ida y vuelta del día a día entre el gobierno y la oposición, parece que Macri hubiera gobernado hace décadas. Esa es la muestra de la fuerza de un sector que perdió las elecciones, pero que le sigue fijando condiciones al gobierno de Fernández y que no revisó ninguno de sus postulados básicos. En todo caso, falló el instrumento Macri, pero no fallaron las ideas o los mensajes de ese frente social

Frente a eso, por momentos, Fernández aparece solo, confundido, tratando de avanzar sin poder hacerlo. Y al frente de una fuerza heterogénea, el Frente de Todos, que por momentos parece dormida. 

A la salida del fracaso de Macri ese bloque opositor tiene una fortaleza envidiable: lo castiga el Gobierno por el encierro, por las pérdidas de la economía, por el default que puede ocurrir, por las empresas que cierran, como Latam, por las que van al default, como Vicentin. Es un desgaste fuerte. Es un mensaje fuerte que erosiona al Gobierno que recién asume. Es una oposición que está furiosa con el Gobierno, que está indignada. 

Ese discurso, esa furia, esa indignación que se respira en los grupos de poder sería mera impotencia si el Gobierno no estuviera cercado por la doble trampa de la peste y la deuda. Pero, en este contexto, es una amenaza de lo más seria para el Gobierno y no verlo, puede ser el peor de los errores. Feliz Día de la Bandera.

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