Fuera de Tiempo con Cecilia Todesca

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La economista y vicejefa de Gabinete Cecilia Todesca conversó con Diego Genoud sobre la asistencia estatal durante la pandemia, la caída del salario, el crédito de los bancos, la recaudación, la reforma impositiva y el blanqueo.

También estuvo en Fuera de Tiempo Pablo Touzón, politólogo, cofundador de la Revista Panamá y coautor de La grieta desnuda. El macrismo y su época. Conversó acerca del peronismo, los liderazgos en el Frente de Todos y la anatomía del gobierno de Alberto Fernández.

“Fernández y el plan ante la crisis: provocación o síntoma”. Editorial del 25/07/2020 en FM Milenium.

Cuesta salir del loop interminable de la peste y la deuda que tiene al gobierno de Alberto Fernández y a la sociedad argentina condicionados desde hace tiempo. El intento del Gobierno de empezar a plantear los ejes de la post cuarentena se dificulta con la cuenta diaria de los muertos. Atravesamos un escenario muy complicado, muy conflictivo, colmado de restricciones, pero a las que el propio presidente e incluso el Gobierno le suman algunos elementos que conspiran contra sus propios objetivos.

Lo dijo el presidente la semana pasada cuando habló ante el Financial Times y declaró, en medio de la negociación de la deuda, que no cree en los planes económicos. Por supuesto, lo destrozaron a Fernández por esa declaración muy inoportuna, sobre todo para un diario económico. Y aparecieron las voces que escuchamos habitualmente criticando al presidente y a Guzmán porque no existe el plan económico del gobierno para salir de la crisis.

Aparecen las caras del pasado todas juntas. Esta semana, convocados por la Fundación Libertad, se vio un seleccionado de buitres: Domingo Cavallo, Ricardo López Murphy, José Luis Machinea y Roque Fernández. Esa es justamente la fuerza de Fernández: negarse a ser parte de esa historia traumática, negarse a replicar planes inaplicables, que volaron por los aires o que ajustaron siempre en la base de la pirámide social. La fortaleza es lo que el Gobierno no quiere ser, pero la pregunta sigue flotando: ¿cuál es la respuesta? ¿Cuál es la salida que está pensando el presidente si descree de la necesidad de un plan económico?

Si uno mira la realidad, los indicadores siguen siendo negativos a nivel del empleo y a nivel de la destrucción de empresas. Datos del Ministerio de Trabajo de esta semana que pasó: se registraron en abril 186 mil trabajadores menos en relación a marzo y es la caída mensual más alta desde el comienzo de la serie en enero de 2012. Esto pese al decreto de Fernández que prohíbe los despidos. A eso se suma el acuerdo que firmaron la CGT y la Unión Industrial Argentina con el apoyo del Gobierno que permitió que 60 mil empresas suspendieran a 715 mil trabajadores que vieron reducidos sus sueldos en un 25%. Otro dato sobre el empleo: en el primer trimestre de 2020 se perdieron 152 mil empleos formales con respecto al pésimo 2019.  

Todos los datos que uno mira a nivel del empleo son negativos y además no pueden leerse sin también tener en cuenta el ajuste sobre los salarios. El desempleo no es mayor porque el ajuste sobre el salario es muy fuerte. También hay casos de empresas que sólo pagan lo que el Estado les gira a través del ATP, como es el caso de Polka, empresa que tiene como accionistas a Adrián Suar y al Grupo Clarín. Algodonera Avellaneda, la empresa de Vicentin, no pagó los sueldos tampoco. Estamos hablando de un sueldo de apenas 25 mil pesos.

La recesión pega muy fuerte. El estimador mensual de actividad económica arrojó que en mayo la caída fue de 20% con respecto al malo 2019. Hay un rebote en relación a abril, el primer mes de la cuarentena más estricta, pero sigue siendo un dato muy negativo comparado con 2019. En este contexto es que Fernández dice: “No creo en planes económicos”. En un contexto donde la economía cruje, donde la crisis obviamente es global pero pega de manera especial en Argentina porque hace 10 años que la economía crece muy poco o directamente cae.

Fernández suele hablar con nostalgia de la recuperación de 2003. Durante la campaña, el ahora presidente decía que iba a encender la economía igual que lo hizo con Kirchner y lo hace todavía ahora como invocando un pasado, una recuperación que se dio en un contexto excepcional como fue el del 2003 y que además llegó después del trabajo sucio que hizo Jorge Remes Lenicov, el ministro de Economía de la devaluación de Eduardo Duhalde. La recuperación de la que tanto habla Fernández se montó sobre esa devaluación del 300%, con el estallido de la convertibilidad y con un ministro de Economía que pasó al ostracismo por el resto de su vida.

Que Fernández diga que no cree en planes económicos puede ser una provocación al círculo rojo, al establishment, al poder financiero, que le reclama un plan parecido a esos que en su momento pusieron en marcha Cavallo, Roque Fernández, López Murphy o Machinea. Puede ser una provocación, puede ser una manera no tan elegante de Fernández de eludir esa presión o puede ser un síntoma de un problema grande: el no saber cómo se va a encender la economía con salarios pulverizados, que están perdiendo feo contra la inflación y que funciona como otra variable de ajuste en esta crisis.

Fernández tiene ese componente nostálgico y también tiene un problema para tratar de plantear cuál es la salida económica. Por eso las discusiones con Cristina Fernández de Kirchner, cuando la vicepresidenta impugnó ese borrador de pacto social que presentó Fernández el 9 de julio. Incluso el presidente terminó eligiendo a su ministro de economía, Martín Guzmán, a último momento. No lo tenía muy claro. Había hablado de que quería un ministro fuerte y bueno, no pudo ser Martín Redrado, no pudo ser Guillermo Nielsen, no fueron otros y su ministro de economía terminó siendo Guzmán.

Por eso, cuando Fernández dice “no creo en los planes económicos” quizá está diciendo que no tiene forma o no sabe bien cómo salir de la crisis en el peor de los contextos, que es el que le tocó, con la deuda y con el impacto de la peste.

No es que Fernández sea el único que no sabe cómo salir de la crisis. Nadie lo tiene demasiado claro, pero tal vez Fernández debería decir que el 2003 quedó muy atrás, que el mundo ya no es el mismo —ese mundo de los precios exorbitantes de los commodities que permitieron la recuperación vertiginosa—, que el país no es el mismo, que la correlación de fuerzas hoy en la Argentina ya no es la misma que después del estallido de la convertibilidad, que el equipo del Gobierno no es el mismo y que además el presidente ya no es el mismo.

Si dijera todo eso, si dijera que esta vez la recuperación va a costar muchísimo más, quizás Fernández estaría empezando a resolver el problema para el que nadie encuentra la solución.

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